Andalucía identificará los genes causantes de
enfermedades raras
Los directores del Plan Andaluz de Genética diseñarán, en tres años, el primer
mapa mundial de los genes causantes de la mayoría de las 5.000 enfermedades
raras hereditarias, con el fin de poder diagnosticarlas en apenas un mes
cuando actualmente se necesitan entre cinco y diez años.
El estudio, financiado íntegramente por la Junta de Andalucía con 27 millones
de euros, permitirá tener una base de datos con las variaciones genéticas que
causan esas patologías a la que acudir cuando se presente un paciente, en
lugar de tener que analizar su ADN gen a gen para averiguar cuál contiene la
mutación que le provoca la enfermedad.
El Proyecto Genoma Médico, pionero en el mundo, estará dirigido por los
doctores Guillermo Antiñolo, Joaquín Dopazo y Shomi Bhattacharya, quienes
destacaron que se trata del mayor avance en investigación genética desde la
secuenciación completa del genoma humano en 2001, que permitió identificar los
26.000 genes que componen el ADN del ser humano. “Llevábamos tiempo soñando
con hacer esto, pero el problema era la tecnología”, reconoció Antiñolo, que
coordinará un equipo de veinte personas.
Hace un año, la empresa Roche lanzó al mercado el megasecuenciador de
genomenas que permite secuenciar un genoma en dos días. De ahí que los
directores del proyecto estimen que en tres años se pueda contar con una base
de datos que, una vez comparados los genes de individuos sanos y enfermos,
permita tener completado el mapa de los genes que provocan la mayoría de las
enfermedades raras hereditarias.
Para ello, la Junta de Andalucía ha adquirido 20 de estos megasecuenciadores
que se ubicarán en un edificio de la Isla de la Cartuja de Sevilla distinto al
Centro de Biología Molecular (Cabimer), mientras que las muestras para
elaborar la base de datos se emplearán del banco de ADN andaluz. El propio
Antiñolo, a través de la Unidad de Genética que dirige en el Hospital Virgen
del Rocío, ha logrado recopilar en veinte años muestras de ADNde más de
11.000 personas entre las que están representadas la gran mayoría de las
enfermedades raras. La muestra necesaria con la que se trabajará inicialmente
es de 300, pero los investigadores saben que el estudio atraerá a pacientes
con estas enfermedades para ser diagnosticados cuyas muestras se incorporarán
a la base.
La Junta ya ha comenzado a adquirir la tecnología, si bien el estudio
comenzará en 2010 y su plazo de ejecución inicial es de tres años. El primero
se dedicará a construir el molde o patrón completo del genoma humano “para
conocer hasta el último punto las variaciones” que no suponen ninguna
enfermedad. Los dos años siguientes se dedicarán a comparar este patrón con
los genes de los enfermos.
medicina personalizada. Al final del proyecto se conocerá directamente el gen
que provoca cada enfermedad, lo que facilitará su prevención y tratamiento. Y
el gran avance será la aplicación de una “medicina personalizada” y
diagnosticar la causa de las enfermedades raras con base genética –el 80%– en
un mes.
Ahora, la mitad de los pacientes –entre dos y tres millones en España– no
están diagnosticados y los que sí han tenido que esperar entre cinco y diez
años para poner nombre a su padecimiento e intentar tratarlo.
El proyecto fue presentado ayer en el Parlamento de Andalucía tras una reunión
de sus directores con el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, y la
consejera de Salud, María Jesús Montero, quien defendió que este trabajo “va a
llevar a Andalucía a la primera línea de la investigación internacional”.
Montero subrayó que aunque el programa sólo cuenta actualmente con la
financiación pública de la Junta, “está abierto a la iniciativa privada”, a la
que puede interesar porque del proyecto “se pueden derivar aplicaciones con
interés comercial”. De hecho, dijo que ya hay conversaciones con empresas
interesadas, entre ellas la propia Roche, porque “es una oportunidad de usar
la tecnología que ha puesto en el mercado”.
Tanto la consejera de Salud como los investigadores que dirigen el proyecto
destacaron no sólo el cambio de “paradigma” en la investigación que supone
sino las posibilidades que se abren para la prevención, el diagnóstico precoz
y el tratamiento de enfermedades que por su escasa incidencia en la población
–y por tanto, su menor interés comercial– no se encuentran entre las
prioridades de los estudios médicos y farmacológicos.
“Nunca se ha hecho un proyecto como éste y no se trata de secuenciar genomas
por secuenciar sino con un objetivo”, explicó Antiñolo, ya que abre
expectativas para agilizar el diagnóstico de patologías que actualmente
suponen la principal causa de muerte en menores de 14 años y afectan al 2% de
los niños que nacen vivos. Además “no se trata sólo de detectar la enfermedad
sino previsiblemente de encontrar cómo tratarla”.
Con este mapa también se abre la vía a la investigación de patologías
complejas que cuentan igualmente con un componente genético aunque en su
desarrollo influyan más factores.
El problema no acaba con el diagnóstico
Los familiares de pacientes con enfermedades raras no pueden evitar una mezcla
de sentimientos al saber que podrán ser diagnosticados antes. “Es un gran
avance, porque la mayoría de los enfermos evitará el peregrinaje de médico en
médico hasta saber lo que tiene”, dice Salud Jurado, delegada en Sevilla de
Feder, la federación de entidades de enfermedades raras. Ella misma se
“autodiagnosticó” la suya cuando tenía ya 45 años, al desarrollarla su hija y
comprobar que los síntomas coincidían. Jurado añade que “también permitirá
avances en la selección genética preimplantatoria”, la novedosa técnica
desarrollada con éxito por el propio Guillermo Antiñolo para eliminar el gen
defectuoso antes de implantar un embrión, logrando embarazos libres de la
enfermedad genética que puedan transmitir los padres.
Pero los afectados por enfermedades raras saben que su calvario nunca acaba al
poner nombre a su mal, afirma Pastora García, vecina de Cantillana. Su hijo
Francisco Jesús Puente, de 18 años, tiene una esclerosis tuberculosa que le
produce tumores en el cerebro, una dolencia que padece uno de cada 3.000 bebés
y que afecta a corazón, pulmones, riñones, ojos y piel.
Tardaron un año en diagnosticarlo. Fran nació “normal, parecía un niño sano”,
pero a los seis meses empezó a flexionar el abdomen. Ella pensó que eran
cólicos, pero a los nueve meses tuvo espasmos. “Fue terrible, pasé mucho
miedo, tenía la cabeza rígida, agitaba un brazo, ponía los ojos en blanco”. Su
pediatra lo envió al hospital y allí le dijeron que creían que era meningitis.
Comenzaron las pruebas que lo acompañarían durante meses: “le pincharon con
una aguja enorme la espalda para sacarle líquido de la médula”, y concluyeron
que todo se debía a una convulsión febril. El mismo día que recibió el alta y
regresó a casa volvió a convulsionar. Otra vez hospital, electros, análisis...
cuando el bebé tenía un año le dieron el diagnóstico. Ella no podía creerlo.
Todo eso podría habérselo ahorrado. Aunque no lo que vino después. Pastora
lamenta que estas enfermedades, al tener tan poca incidencia, no sean
conocidas ni por los propios médicos. Hasta los seis años, su hijo probó todo
tipo de medicinas y estuvo permanentemente ingresando en el hospital por
largos periodos. “Eran eso, pruebas, le iban poniendo cosas a ver cómo
reaccionaba”. A los seis años mejoró y a los ocho inició un tratamiento
ambulatorio, ya con un grave deterioro. La enfermedad le ha provocado
epilepsia, los fármacos le han destrozado la boca y el estómago, los tumores
cerebrales le han provocado transtornos de conducta... “yo siempre digo que mi
hijo no viene con un manual: tengo que inventar cómo voy a afrontar cada nuevo
síntoma”.
Ha ido a cursos, talleres, asociaciones... hace un año empezó a preguntar por
qué no lo operaban, y le dijeron que los tumores eran ya demasiado grandes.
“¿Y por qué no lo operaron de pequeño? Hoy su calidad de vida, y la mía,
serían otras”, lamenta Pastora, que dejó de trabajar, vive con una pensión de
343 euros y no ha recibido ayudas por Fran, para quien ahora tramita una paga
tras cumplir los 18.
Marga García, la madre de Vanessa Jiménez– la niña de cristal–, que ha ayudado
a Pastora y a muchos otros niños con enfermedades raras, dice con desencanto
que la investigación no es tan novedosa y que lo que hay que mejorar no es el
diagnóstico sino el tratamiento. Aún así, reclama dos cosas: “que el estudio
no se paralice como otras veces, yque lo que descubran se incluya en la
seguridad social, porque si no, no le servirá a nadie”.