La Organización Médica Colegial denuncia que el
Ministerio de Sanidad y las consejerías autonómicas están incumpliendo
sistemáticamente la legislación al contratar a médicos mayoritariamente
sudamericanos que ejercen de especialistas sin haber homologado el
título.

De las universidades españolas, asendereadas por reformas sectarias y
pedagogías castrantes (de lo más progresistas), emerge hoy la excelencia
con cuentagotas, como germina una milagrosa margarita en mitad de un
erial. Pero es que cuando emerge, resulta sistemáticamente maltratada. Si
hay un sector de la formación académica en España que evoque una tradición
de prestigio reconocida en el extranjero, es la medicina. La exigencia del
sistema MIR ha deparado generaciones de buenos médicos españoles, pero hoy
el Sistema Nacional de Salud (SNS) contrata cada año a más de 4.000
sanitarios sin título homologado y el 45% de las plazas MIR las cubren
extranjeros. La gran mayoría de esos sanitarios no homologados son
licenciados sudamericanos a los que el Ministerio de Educación homologa
ipso facto el título de licenciatura -es cuestión de poner un sello-, pero
a los que el Ministerio de Sanidad tarda en homologar el título de
especialista una media de 10 años. Entretanto, los médicos inmigrantes son
contratados por las comunidades autónomas -que tienen delegadas las
competencias en materia de contratación- y ejercen sin ninguna cortapisa.
En torno al 80% de ellos no superará nunca la prueba final de
homologación, tanto por la inflación burocrática, que lastra un sistema de
homologación arcaico, como por la exigencia de la propia prueba. Pero eso,
a los cerca de 12.000 médicos sin el título homologado -más o menos la
mitad del total de 25.000 sanitarios foráneos que hoy ejercen en España-
no les impide seguir curando a los pacientes inadvertidos que se ponen en
sus manos. Como es natural, entre esos galenos irregulares habrá de todo,
competentes e ignorantes, pero, como explican desde el Consejo General de
Colegios Oficiales de Médicos, con que un 5% de ellos esté mal preparado,
ya se están corriendo riesgos innecesarios por culpa de una gestión
pública chapucera.
El escándalo se practica y se conoce hace tiempo en el mundillo
sanitario, pero hasta hace cosa de dos años -tras algunas denuncias
aparecidas en los medios- las Administraciones se negaban a reconocer que
contrataban a profesionales extranjeros como especialistas sin título.
Cuando finalmente han reconocido la práctica, se han escudado en la traída
y llevada falta de médicos que supuestamente aqueja al SNS. “Eso es una
excusa, la carencia de sanitarios es relativa. Lo que pasa es que están
mal distribuidos: en una comunidad autónoma convocan plazas y en otra hay
médicos en paro”, explica a ÉPOCA el doctor Manuel Carmona, vocal de
Médicos en Formación de la Organización Médica Colegial (OMC). Carmona
señala a las agencias privadas de colocación, como Adecco o Manpower, como
las responsables de crear una exagerada necesidad de médicos en España. De
hecho, Manpower ha creado una división de salud para responder a la
demanda de los hospitales y prepara contingentes de sanitarios en países
de Sudamérica, principalmente México, para cubrir las vacantes españolas.
“Aquí el verdadero problema es que hay 17 mercados distintos, con 17
sistemas sanitarios distintos, cada uno con sus peculiaridades legales y
su cartera de servicios. Si convocan un concurso de oposiciones en Huelva,
un médico con plaza en Madrid que quiera trasladarse y concurrir no puede
presentarse, la ley no se lo permite. Es más fácil para un médico español
mudarse de España a otro país de la Unión Europea que a otra comunidad
autónoma”, asegura el doctor Carmona. El SNS no fomenta la movilidad, más
bien lo contrario, y ésta es una de las deficiencias más gruesas de
nuestra sanidad, como lo es, por cierto, de nuestro sistema educativo.
“Hay que caminar hacia un mercado sanitario único para que las carencias
de una región se compensen con los excesos de otra”, prescribe con tino el
vocal de la OMC. Mientras eso no sucede, entre 700 y 800 profesionales
españoles eligen emigrar del SNS para recalar en clínicas privadas o en
los sistemas públicos de países como Portugal o Inglaterra, donde son muy
bien valorados. El otro problema es la rigidez de las condiciones
laborales, que provoca que unos 1.500 médicos en toda España prefieran
actualmente seguir en el paro que trabajar cubriendo fines de semana y
guardias extemporáneas. Para esto, ¿qué mejor que contratar bajo cuerda a
médicos foráneos, aunque no acrediten la misma preparación?
La OMC lamenta que esta situación no sea aún conocida por el gran
público. “La gente sólo se queja y denuncia si se produce un caso de
negligencia o mala praxis. Si no, tiende a pensar que, si lo hace la
Administración, será que es legal”, cree Carmona. Pero la legislación
vigente desde 1995 establece que sin el título de especialista no se puede
ejercer en España. De hecho, se están firmando contratos de una categoría
inexistente, la de “médico general adscrito a un servicio” -ginecología,
cirugías, pediatría… el servicio que haga falta-, que es una clasificación
que desapareció en 1995. Hoy sólo hay médicos de familia o médicos
especialistas, y ambos exigen pasar el examen de homologación que expide
Sanidad. Las autonomías que lideran esta mala praxis contractual, según la
OMC, son Canarias, Andalucía (cuyos responsables sanitarios confesaron en
2008 que más de 100 facultativos sin papeles ejercían en su sistema
sanitario, y si lo confesaron es que probablemente sean muchos más),
Cataluña y Extremadura. Las cifras, evidentemente, no se saben a ciencia
cierta porque las administraciones autonómicas no las declaran, con lo que
prueban su sentimiento de vergüenza ante un incumplimiento de la norma tan
flagrante. Pero en Canarias, por ejemplo, se calcula que cerca del 20% de
los médicos en activo no cuentan con la homologación. La OMC ha anunciado
que denunciarán los contratos irregulares que se hayan hecho a partir del
1 de enero de 2010. Eligieron esa fecha porque ampliar el intervalo
supondría dejar sin asistencia sanitaria a un buen número de canarios,
catalanes, extremeños, etcétera. “Somos conscientes de que denunciar los
anteriores podría poner en peligro un alto porcentaje de contratos y no
queremos desestabilizar el Sistema Nacional de Salud. No se trata de echar
a los que ya ejercen, sino de parar la tendencia y hacer cumplir la ley”,
resuelven desde el colectivo de médicos. Ciertamente, la crisis ha
contribuido a ralentizar la tendencia, porque un contratado de forma
irregular cobra lo mismo que uno legal y no hay dinero para nadie.
Para arreglar esta situación, el Ministerio de Sanidad dirigido por
Trinidad Jiménez prepara un nuevo decreto que sigue la filosofía de Jesús
Caldera en lo tocante a inmigración ilegal: regularización masiva. El
decreto regulará de golpe a todos los médicos extracomunitarios sin título
que ya trabajen en España, sepan o no sepan de medicina, y listos. Y
también conminará a las comunidades autónomas a dejar de hacer contratos
irregulares. Pero esto no pasa de ser un desiderátum inocente, porque las
competencias para contratar obran en poder de las autonomías y el
ministerio no tendrá forma de vigilar si cumplen o no. Será como dar la
absolución a un cuatrero reincidente con la recomendación paternal de que
no vuelva a robar. En pura lógica, por otro lado, que impulsar una
regularización masiva equivale a reconocer que había un problema, cuando
durante mucho tiempo las Administraciones lo han estado negando o bien han
estado insistiendo en la corrección de esas contrataciones. Las
intenciones regularizadoras de Jiménez pueden chocar, además, con la
Justicia. Una sentencia dictada por el Juzgado de lo
Contencioso-Administrativo de Orense ha anulado recientemente y por
primera vez el nombramiento de cuatro profesionales médicos contratados
por el Servicio Gallego de Salud en 2008 porque los facultativos, todos
ellos extranjeros, desempañaban la función de ginecólogos cuando habían
sido contratados como médicos de urgencias. El origen de la resolución
está en el recurso presentado por una ginecóloga gallega que denunció la
desviación de poder, ya declarada como tal por el Juzgado. La
jurisprudencia ya está sentada. Las consejerías y los hospitales,
avisados. Y los pacientes-lectores, advertidos.
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